martes, 4 de julio de 2017

Clara nació diminuta, 2,100 kg es la cifra que figura en su ficha de nacimiento, un 20 de abril de 1988, peso que la llevó directamente a una incubadora que la apartaba ya desde el comienzo de su vida del contacto con su madre, una separación inexorable desde que con ojos inquietos, vio por primera vez la luz,” ¡qué pequeñita!”-exclamó la parturienta-aún bajo los efectos de la epidural, “sí, pero muy lista", replicó la árida enfermera, que ni siquiera posó un segundo en el regazo de la madre a su recién nacida. 
Clara se sentía enclaustrada y sin los apegos básicos afectivos para entender aquel nuevo mundo. Mientras su físico se terminó de desarrollar, a los 15 días, por fin aquella madre que en sus entrañas sin suficientes nutrientes  no le puedo dar un desarrollo corporal adecuado, la estrechó por primera vez contra su pecho, unos senos enjutos como manantiales secos. Clara no estaba condenada pero su vida había comenzado en unas condiciones que marcarían su cotidianidad bajo la oscura sombra de la inestabilidad.

Breve relato. Mercedes Lázaro.