jueves, 13 de abril de 2017

NIÑOS MOTORIZADOS / BAMBINI MOTORIZZATI


El otro día, aquí en este pueblecito de la Riviera Ligure, de cuyo nombre me acuerdo y me quiero acordar, Sori, sentí por un lado satisfacción y por otro un poco de estupor, ante una anecdótica escena infantil. Dos niños de corta edad, supongo andarían rondando los dos años o poco más, jugaban en la plaza que está enfrente de la Iglesia de Santa Margarita de Sori con sus “motos todo terreno” y adecuadas al tiempo que tenían las criaturas. Paseaba tranquila cuando de repente sentí un rumor fastidioso, las ruedas de estos inocuos juguetitos hacían un ruido molesto sobre los antiguos adoquines colocados en el antiguo suelo de la plaza. Los niños me sobrepasaron empujándose con los pies montados encima de sus motos de plástico, cogiendo cada vez más y más velocidad. La plaza tiene una bajada con una discreta pendiente, en dicha bajada, las entusiasmadas criaturas adquirieron una velocidad tan extrema que eran incapaces de controlar sus motos de juguete, el manillar parecía enloquecido y sus pequeñas manitas ya ni siquiera lo sostenían, sus gritos de eufórica diversión pasaron a llantos de temor porque el final estaba claro, en cuanto la bajada con su discreta pendiente terminase, acabarían saliendo volando por los aires, y por desgracia, así fue. El golpe fue fuerte, aunque afortunadamente no sucedió nada grave, además es verdad que los niños están hechos de goma y aquí en Sori aún más. Berrearon, patalearon y lloraron durante unos segundos con sus motos en el suelo, después del susto se volvieron a subir a ellas y retomaron su juego. ¡Quién sabe si serán en un futuro profesionales del mundo del motociclismo! eso sí, espero que lleven casco si la afición por la velocidad les sigue aumentando.

ITALIANO

BAMBINI MOTORIZZATI

L’altro giorno, nel paesino della Riviera Ligure in cui mi trovo e del cui nome mi ricordo e mi voglio ricordare, Sori, sentii da una parte soddisfazione e dall’altra un po’ di stupore davanti ad un’inedita scena infantile. Due bambini di poca età, suppongo all’incirca due anni o poco di piú, giocavano nella piazza che si trova davanti alla Chiesa di Santa Margherita di Sori, con le loro moto da fuori strada  e adeguate alla loro età. Passeggiavo tranquilla quando all’improvviso sentii un rumore fastidioso, le ruote di questi innocui giocattoli facevano un frastuono molesto sulla antica pavimentazione in pietra, tipica del posto. I bambini mi sorpassarono spingendosi con i loro piedi in sella alle loro moto di plastica, prendendo sempre  più una maggiore velocità. La piazza ha una discesa con una discreta pendenza, in questa discesa, le entusiaste creature acquistarono una velocità talmente estrema che furono incapaci di dominare le loro moto da gioco, il manubrio sembrava impazzito e le loro piccole manine ormai neanche potevano controllarlo, le loro urla di euforica gioia si tramutarono presto in pianti e disperazione perchè il finale ormai era chiaro, appena la discesa con la sua discreta pendenza finisse, sarebbero arrivati capottandosi e saltando in aria e purtroppo fu così. Il colpo fu forte, nonostante fortunamente non successe nulla di grave; e poi è vero che i bambini sono fatti di gomma, e qua a Sori ancora di più. Urlarono e piansero per qualche istante con le loro moto per terra ma dopo lo spavento ripresero a salire in sella e continuarono il loro gioco. Chissà se un
domani diventeranno professionisti del motociclismo! Spero soltanto che indossino il casco in futuro!


M.L.P.