jueves, 16 de abril de 2015

EL PRECIO DE LA VIDA


La vida, al fin y al cabo, es un itinerario con punto de partida y destino final, que es el mismo para todos, aunque para algunos, más trágico que para otros, depende de las circunstancias, porque como decía Ortega y Gasset, somos "yo y mis circunstancias". No es lo mismo morir degollado como por desgracia les está tocando a algunos últimamente que morir sin dolor y rodeado de las personas que más te quieren, que al final de la vida, según dicen los más mayores, se pueden contar con los dedos de una mano, los verdaderos amigos.
Cuando era pequeña socialicé e interioricé una sociedad analógica, donde el roce hacía el cariño y nos comunicábamos con la gente que nos rodeaba. Ahora, en la nueva sociedad digital, virtual, la distancia ya no es el olvido, y el roce no hace al cariño, porque hay muy poco, de contacto con las personas cercanas físicamente. Es difícil vivir habiendo aprendido en la infancia unos valores que ya no existen. 
Pero supongo que hay cosas que nunca han cambiado ni cambiarán, el egoísmo, la envidia, el apego a las cosas materiales. La espiritualidad poco valor tiene, sobre todo en estos tiempos, se habla mucho de ella, porque la sociedad persigue en vano una felicidad que nadie ha visto, pero que todos abanderan con amplias sonrisas, con ideas como las de vivir el presente, el hoy, aquí y ahora, si piensan que ahí está la felicidad, "van daos", antes nos aferrábamos a un Dios, quizás existente, quizás inexistente, ahora la sociedad se empecina en no pensar más allá de lo que ve en ese momento, y lo único que hace es esconderse, ha sido y es una sociedad miedosa, y por ello, como lo de Dios está ya muy explotado, ahora no quieren ni pensar en lo que podría ser y mucho menos en mirar para atrás, para eso, "ni para coger carrerilla".
En fin, en la comuna de la humanidad de las caras sonrientes, mucha gente llora porque como decía Hobbes "el hombre es un lobo para el hombre". ¿Por qué para curarse de una enfermedad grave hay que ir a hacer tratamientos carísimos a Boston? si existe el tratamiento...¿por qué tiene que ser inaccesible para la mayoría de los bolsillos? Poner un precio a la vida no es precisamente un buen signo de humanidad.