jueves, 1 de agosto de 2013

EL OCASO DE LA DEMOCRACIA



La corrupción no es algo nuevo, y hablar de ello aburre porque, por desgracia, nos hemos acostumbrado a ella. Desde que tengo derecho al voto, sólo he votado un par de veces, hace veinte años que puedo votar y hace ya veinte años que la política huele a podrido, entonces estaban con el caso Roldán y todos aquellos de cuyo nombre prefiero no acordarme. Recuerdo una clase de Lengua en C.O.U. en la que el profesor dijo con el periódico en la mano: "los políticos, en lugar de arreglar las cosas, se tiran los trapos sucios los unos a los otros a la cabeza". -"Cuánta razón tiene este hombre"- pensé yo. Y veinte años después dale que te pego con la misma historia, se puede decir que no conozco la democracia, que he padecido la oclocracia. No me entra en la cabeza que los ciudadanos sigan acudiendo a las urnas, y que el sistema democrático no se haya cuanto menos modificado para que el gobierno sea más efectivo. 
Supongo que los niños pensarán que la corrupción es una profesión más, que incluso habrá que hacer algún módulo de FP o alguna carrera universitaria corta para poder ejercerla. 
Es todo tan patético, tan dantesco, tan surrealista, tan triste, me siento tan impotente. Me duele ver que en el fondo, todos hemos echado a perder una importante porción de nuestra existencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Churchill, preguntat sobre la seva opinió de la Democràcia, va dir.....és un molt bon sistema, només té un problema, la gent vota el que li dona la gana